La idea © David Gómez Salas
Una vez, cuando trabajaba en el "Centre d'étude Pensée"; Egbert, Benedetto y yo estudiábamos los procesos que se llevan a cabo en el cerebro humano, con la finalidad de conocer los mecanismos funcionales mediante los cuales surgen las ideas. Hay ideas que surgen aparentemente en forma espontánea y otras que surgen de manera inducidas por el deseo o propósito de resolver algún problema, alcanzar alguna meta, o investigar sobre algún aspecto de la vida.
En el hemisferio derecho del cerebro se llevan a cabo los procesos creativos, la imaginación, innovación y conceptualización; en el hemisferio izquierdo los procesos analíticos, es decir el pensamiento basado en lo que a cada persona le parece lógico. Por lo tanto las ideas nacen mediante la interacción de neuronas del hemisferio derecho con neuronas del hemisferio izquierdo. La idea es el resultado o producto de la imaginación y está impulsada, examinada y retroalimentada por el análisis lógico. Los alcances y validez de las ideas se enriquecen o limitan por los conocimientos. El núcleo de una idea aparenta emerger en un instante debido a que la velocidad de los procesos cerebrales, interacción de las neuronas, se lleva a cabo en milésimas de segundo.
Era obvio que sabíamos que las ideas eran producto de los procesos que se llevan acabo en el cerebro, que las neuronas interactúan entre ellas y que tienen cientos de formas de comunicarse y compartir la información. Pero...
Una noche, cuando cada uno de nosotros se encontraba en su casa, ni siquiera vivíamos cerca; cada uno de nosotros tuvo una idea y elaboró unas notas con el propósito llevarlas al trabajo al día siguiente para comentarlas con los demás. Resultó que los tres llevamos la misma idea.
A los tres se nos ocurrió proponer el mismo experimento para avanzar en nuestras investigaciones ¿Cómo explicar lo que había sucedido? En tres cabezas, tres cerebros diferentes, había surgido la misma idea, en forma simultánea.
Por mucho que tres personas convivan, es imposible que coincidan en imaginación, capacidad de deductiva y conocimientos. La probabilidad es muy baja.
Las sorpresas siguieron en el mismo sentido y varias veces se repitió que al elaborar en casa una propuesta volvimos a coincidir y nos sorprendíamos al mostrar la propuesta que habíamos elaborado en forma personal y conocer las otras dos propuestas. No comentamos nada a la jefa del laboratorio pues los tres pensamos (volvimos a coincidir) que la jefa Claudia podría decidir correr a dos de los tres, y de esa manera ella obtendría las mismas ideas pagando a solo un investigador y se ahorraría el pago de dos salarios.
Decidimos que nuestra investigación sobre el origen de las ideas, también debía incluir el papel que desempeñan los mecanismos de interrelación entre las personas que trabajan mucho tiempo en equipo. De esa manera logramos hacer interesante un asunto que al principio lo vimos con preocupación.
Tomé la decisión de cambiar de trabajo sin hacerlo del conocimiento de los otros dos. Me puse en contacto con otros centros de investigación para buscar un nuevo trabajo. Llené diversas solicitudes de trabajo y tuve varias entrevistas para encontrar acomodo en una nueva institución.
Un día recibí un correo electrónico con la noticia había sido aceptado en el "Istituto di ricerca delle Idee". Tuve sentimientos encontrados; por una parte alegría por terminar con la incómoda situación de tener las mismas ideas que otros dos amigos y por otra parte sentí nostalgia por solo saber que dejaría de ver a dos de mis mejores amigos. No comenté nada con Egbert y Benedetto, esperé un momento anímico adecuado para hacerlo, pero no podía esperar mucho, pues debía platicar con ellos para ponernos de acuerdo sobre la continuidad de los trabajos y las publicaciones en curso.
El ambiente de trabajo se diversificó porque se incorporó una investigadora de nombre Teresinha, con ella no sucedía lo de tener las mismas ideas a la hora de proponer proyectos. Su participación le daba variedad al equipo de trabajo. Este acontecimiento me hacía pensar que no había sido buena mi decisión de cambiar de trabajo, pero la suerte ya estaba echada.
Una tarde noche me reuní con mis dos amigos para informales que dejaría de trabajar en el "Centre d'étude Pensée" dentro de 30 días y que trabajaría en el "Istituto di ricerca delle Idee". Benedetto me dijo de inmediato ¡No puede ser tanta coincidencia, yo también iré a trabajar a ahí! De inmediato Benedetto y yo volteamos a ver a Egbert, que con una sonrisa confirmo nuestras sospechas ¡Los tres habíamos tenido la misma idea!
Sabíamos que no era necesario preguntarnos sobre las propuestas de trabajo de investigación que elaboramos cada quien, sabíamos que serían prácticamente idénticas, como resultaron ser.
Me intrigaba saber porque nos habían contratado en el "Istituto di ricerca delle Idee" a pesar de que los tres habíamos presentado prácticamente la misma propuesta de trabajo de investigación. Las personas encargadas de la contratación podrían pensar que de nosotros tres, uno era creativo y los otros habían plagiado la idea. Cuando hubo la oportunidad le preguntamos a Aldo nuestro nuevo jefe
¿Porque nos contrataron a pesar de que presentamos la misma propuesta?
Tomamos la decisión la subdirectora Dorine y yo — Contestó Aldo. Nos gustó la propuesta y no juzgamos que la idea fuera de uno solo y dos la hubieran plagiado; porque resulta que Dorine y yo, también tuvimos la misma idea...
miércoles, 8 de junio de 2016
sábado, 4 de junio de 2016
Mar de luz
Mar de luz © David Gómez Salas
Soconusco Anthology
-
Recuerdo que en una ocasión, estando en cuarto año de primaria en el Colegio Miguel Hidalgo de Tapachula Chiapas, fuimos a pasear a la costa de Puerto Madero todos los alumnos del salón. Al caminar por la playa encontramos un tronco de un enorme árbol que el mar había arrojado a la orilla y atracado en la arena. Era un tronco viejo negro que se notaba había viajado por el océano pacífico largo tiempo antes de llegar a ese sitio. El tronco principal apoyado con sus ramas sobre la arena, había quedado inclinado formando una especie de tobogán.
-
De inmediato empezamos a jugar a subirnos por el tronco inclinado hasta alcanzar el punto más alto y arrojarnos sobre las olas. Subíamos rápido para tirarnos un clavado sobre la cresta de las olas más grandes y viajar sobre ellas hasta la orilla.
-
Una vez tardé en subir la rampa del tobogán (el tronco) y la ola me sorprendió a medio ascenso, me derribó del árbol y me hizo girar muchas veces en el interior de la ola, de tal forma que perdí el sentido de la orientación; y en medio del agua y la espuma, no podía saber donde era arriba y donde era abajo. Finalmente llegué a la orilla y al caer sobre la arena, obviamente, se me aclaró donde era abajo y arriba.
-
Seguimos jugando más tiempo y más tarde me quedé observando las olas, se formaban las crestas y se propagaban las ondas hasta llegar a la arena de la playa. Varías veces pensé que podría en estudiar la carrera de físico y así tener los conocimientos suficientes para saber como se formaban las olas, y la energía que contienen las olas de acuerdo a su tamaño. Estaba maravillado por la magnitud de la energía de las olas, había sentido la fuerza y energía de la ola que me había arrastrado.
-
Pensaba en los millones de olas que se producen en las costas de México y que podrían ser utilizadas para generar energía eléctrica y quizás lograríamos ser un país iluminado por sus olas. Si un pequeño dínamo de bicicleta es capaz de hacer que un foco encienda, millones de enormes olas serán capaces de encender millones de lámparas, cavilaba. Podríamos iluminar las carreteras, las ciudades, los ranchos, aeropuertos, las rutas de ferrocarril, los puertos, etc.
-
La energía eléctrica viajaría por una red de cables para distribuirla en toda la república. Instalaríamos millones de lámparas para irradiar la luz y propagarla por el aire como la propagaba el farol de la esquina junto a la casa. Quizás podríamos producir diferentes luces, unas más blancas y otras con bellos tonos azules para recordar que esa luz proviene del mar y además para darle a la noche un bello paisaje de colores.
-
Al pensar en mi proyecto ficticio, me preocupaba en descubrir la forma de almacenar la luz que no se usaría de día, para poder usarla en la noche. En aquella época no existían pilas recargables y no reparaba en las baterías de los autos.
-
Imaginaba que podría construir cuartos con múltiples cables eléctricos de entrada y salida que no hacían contacto entre ellos. La energía eléctrica arribaba al cuarto por un cable súper grueso del cual salían miles de cables de menor grosor que tenían la punta cortada sin cubierta plástica. Frente a estos miles de cables que descargaban la energía eléctrica al cuarto, había un sistema (similar al de entrada) para que saliera la energía eléctrica, eran otros miles de cables que tenían la punta cortada sin cubierta plástica que se conectaban a otro cable súper grueso por el que se recolectaba toda la energía eléctrica que salía del cuarto de luz.
-
La luz que arribaba al cuarto descargaba a través de miles cables con la punta pelada y cuando el cuarto se iba llenando de energía eléctrica lograba hacer contacto con los miles de cables del sistema de salida. De esa manera la energía eléctrica podía estar varias horas dentro de ese cuarto.
-
En la noche el cable principal que alimentaba el cuarto del almacén de luz, era conectado directamente al cable de salida (se puenteaba) y la luz fluía directamente hacia los sistemas de iluminación sin pasar por el cuarto de almacenamiento de luz. Tal como una vez lo vi una vez, en que el dueño de un taller puenteaba el medidor de luz; y otras veces vi como puenteaban los sitios en que iban los fusibles del Switch, conectando directamente la entrada y salida de Switch con un alambre delgado.
-
Al no existir más entradas de energía eléctrica al cuarto de almacenamiento, la luz almacenada en el cuarto de luz, se iría fugando poco a poco por el sistema de salida. El funcionamiento del almacén de luz lo sentía obvio, con base en mi imaginación.
-
De manera intuitiva imaginaba a la luz como un conjunto de micropartículas que fluían por los cables a velocidades increíblemente altas y que al salir radiantes por los focos viajaban por el aire a velocidades aún más altas.
-
Escuchaba a algunos adultos platicar sobre la velocidad de la luz, cuando había relámpagos y truenos, durante las tormentas de Tapachula. Cuando caía un rayo, veíamos primero el relámpago y más tarde escuchábamos el trueno; era una demostración de que la luz viaja más rápido que el sonido. Para mí, el rayo representaba a la corriente eléctrica viajando por el aire rumbo a la tierra, en forma similar a como viajaba por los cables; y ver el rayo de lejos, representaba el viaje de la luz desde el sitio que cayó el rayo, hasta el sitio en que me encontraba y lo percibía con mis ojos.
-
Años más tarde supe sobre la corriente eléctrica y los fotones, explicaciones más formales y científicas. Pero de niño, encontraba explicaciones con la ilusión de creer que podía entender lo que veía.
-
Mi curiosidad enfrentaba un inmenso universo de dudas, que iría aclarando poco a poco con el estudio, conforme estuviera más en contacto con la ciencia, ese mar de luz. Por supuesto que el universo es infinitamente más grande que el mar, lo que uno aprende siempre será muy poco. Pero es lindo soñar y absorberse en las ideas, jugar con la imaginación.
Soconusco Anthology
-
Recuerdo que en una ocasión, estando en cuarto año de primaria en el Colegio Miguel Hidalgo de Tapachula Chiapas, fuimos a pasear a la costa de Puerto Madero todos los alumnos del salón. Al caminar por la playa encontramos un tronco de un enorme árbol que el mar había arrojado a la orilla y atracado en la arena. Era un tronco viejo negro que se notaba había viajado por el océano pacífico largo tiempo antes de llegar a ese sitio. El tronco principal apoyado con sus ramas sobre la arena, había quedado inclinado formando una especie de tobogán.
-
De inmediato empezamos a jugar a subirnos por el tronco inclinado hasta alcanzar el punto más alto y arrojarnos sobre las olas. Subíamos rápido para tirarnos un clavado sobre la cresta de las olas más grandes y viajar sobre ellas hasta la orilla.
-
Una vez tardé en subir la rampa del tobogán (el tronco) y la ola me sorprendió a medio ascenso, me derribó del árbol y me hizo girar muchas veces en el interior de la ola, de tal forma que perdí el sentido de la orientación; y en medio del agua y la espuma, no podía saber donde era arriba y donde era abajo. Finalmente llegué a la orilla y al caer sobre la arena, obviamente, se me aclaró donde era abajo y arriba.
-
Seguimos jugando más tiempo y más tarde me quedé observando las olas, se formaban las crestas y se propagaban las ondas hasta llegar a la arena de la playa. Varías veces pensé que podría en estudiar la carrera de físico y así tener los conocimientos suficientes para saber como se formaban las olas, y la energía que contienen las olas de acuerdo a su tamaño. Estaba maravillado por la magnitud de la energía de las olas, había sentido la fuerza y energía de la ola que me había arrastrado.
-
Pensaba en los millones de olas que se producen en las costas de México y que podrían ser utilizadas para generar energía eléctrica y quizás lograríamos ser un país iluminado por sus olas. Si un pequeño dínamo de bicicleta es capaz de hacer que un foco encienda, millones de enormes olas serán capaces de encender millones de lámparas, cavilaba. Podríamos iluminar las carreteras, las ciudades, los ranchos, aeropuertos, las rutas de ferrocarril, los puertos, etc.
-
La energía eléctrica viajaría por una red de cables para distribuirla en toda la república. Instalaríamos millones de lámparas para irradiar la luz y propagarla por el aire como la propagaba el farol de la esquina junto a la casa. Quizás podríamos producir diferentes luces, unas más blancas y otras con bellos tonos azules para recordar que esa luz proviene del mar y además para darle a la noche un bello paisaje de colores.
-
Al pensar en mi proyecto ficticio, me preocupaba en descubrir la forma de almacenar la luz que no se usaría de día, para poder usarla en la noche. En aquella época no existían pilas recargables y no reparaba en las baterías de los autos.
-
Imaginaba que podría construir cuartos con múltiples cables eléctricos de entrada y salida que no hacían contacto entre ellos. La energía eléctrica arribaba al cuarto por un cable súper grueso del cual salían miles de cables de menor grosor que tenían la punta cortada sin cubierta plástica. Frente a estos miles de cables que descargaban la energía eléctrica al cuarto, había un sistema (similar al de entrada) para que saliera la energía eléctrica, eran otros miles de cables que tenían la punta cortada sin cubierta plástica que se conectaban a otro cable súper grueso por el que se recolectaba toda la energía eléctrica que salía del cuarto de luz.
-
La luz que arribaba al cuarto descargaba a través de miles cables con la punta pelada y cuando el cuarto se iba llenando de energía eléctrica lograba hacer contacto con los miles de cables del sistema de salida. De esa manera la energía eléctrica podía estar varias horas dentro de ese cuarto.
-
En la noche el cable principal que alimentaba el cuarto del almacén de luz, era conectado directamente al cable de salida (se puenteaba) y la luz fluía directamente hacia los sistemas de iluminación sin pasar por el cuarto de almacenamiento de luz. Tal como una vez lo vi una vez, en que el dueño de un taller puenteaba el medidor de luz; y otras veces vi como puenteaban los sitios en que iban los fusibles del Switch, conectando directamente la entrada y salida de Switch con un alambre delgado.
-
Al no existir más entradas de energía eléctrica al cuarto de almacenamiento, la luz almacenada en el cuarto de luz, se iría fugando poco a poco por el sistema de salida. El funcionamiento del almacén de luz lo sentía obvio, con base en mi imaginación.
-
De manera intuitiva imaginaba a la luz como un conjunto de micropartículas que fluían por los cables a velocidades increíblemente altas y que al salir radiantes por los focos viajaban por el aire a velocidades aún más altas.
-
Escuchaba a algunos adultos platicar sobre la velocidad de la luz, cuando había relámpagos y truenos, durante las tormentas de Tapachula. Cuando caía un rayo, veíamos primero el relámpago y más tarde escuchábamos el trueno; era una demostración de que la luz viaja más rápido que el sonido. Para mí, el rayo representaba a la corriente eléctrica viajando por el aire rumbo a la tierra, en forma similar a como viajaba por los cables; y ver el rayo de lejos, representaba el viaje de la luz desde el sitio que cayó el rayo, hasta el sitio en que me encontraba y lo percibía con mis ojos.
-
Años más tarde supe sobre la corriente eléctrica y los fotones, explicaciones más formales y científicas. Pero de niño, encontraba explicaciones con la ilusión de creer que podía entender lo que veía.
-
Mi curiosidad enfrentaba un inmenso universo de dudas, que iría aclarando poco a poco con el estudio, conforme estuviera más en contacto con la ciencia, ese mar de luz. Por supuesto que el universo es infinitamente más grande que el mar, lo que uno aprende siempre será muy poco. Pero es lindo soñar y absorberse en las ideas, jugar con la imaginación.
lunes, 30 de mayo de 2016
PELEA CALLEJERA
PELEA CALLEJERA
© David Gómez Salas
-
En Barrio Nuevo, mi barrio en la ciudad de Tapachula Chiapas, una tarde-noche el Chilaco se iba a pelear con Juan. El Chilaco dos años mayor que Juan, con más estatura y musculatura, se veía invencible. Su aspecto sucio de vago, lo hacía ver con mucha experiencia en peleas callejeras.
-
Alrededor de los contendientes estábamos, como espectadores, quince jóvenes y niños. Algunos adultos observaban al grupo desde las puertas de sus casas y otros desde la tienda de la contra esquina.
-
Nacho, que era nuevo en el barrio, se acercó a ver la pelea que se pronosticaba sería desigual. Juan media cinco centímetros menos de estatura, además era más joven y delgado. Vestía ropa limpia, estaba bien peinado, se veía pulcro y educado. Tenía en la mano derecha, una vara de bambú de un metro de largo, color amarillo con manchas color café.
-
Juan debía pelear con aquel energúmeno para no ser calificado, por los demás, de cobarde. Estaba en juego su honor.
-
El Chilaco se quitó la camisa para iniciar la pelea, mostró sus fuertes músculos y se colocó en el centro del círculo de espectadores.
-
El turno era de Juan, lo estaban esperando...
-
Juan extendió el brazo derecho invitando a Nacho a que sostuviera su vara de bambú, para poder enfrentar a mano limpia al temible Chilaco. Eran las reglas de la calle.
Cuando Nacho tomó la vara de bambú, todos huimos del lugar: Incluso Juan y el feroz Chilaco.
Nacho, descontrolado, sintió que la vara estaba mojada y tardó dos segundos en darse cuenta que la vara de bambú estaba embarrada con excremento. Excepto el sitio donde Juan la había agarrado.
© David Gómez Salas
-
En Barrio Nuevo, mi barrio en la ciudad de Tapachula Chiapas, una tarde-noche el Chilaco se iba a pelear con Juan. El Chilaco dos años mayor que Juan, con más estatura y musculatura, se veía invencible. Su aspecto sucio de vago, lo hacía ver con mucha experiencia en peleas callejeras.
-
Alrededor de los contendientes estábamos, como espectadores, quince jóvenes y niños. Algunos adultos observaban al grupo desde las puertas de sus casas y otros desde la tienda de la contra esquina.
-
Nacho, que era nuevo en el barrio, se acercó a ver la pelea que se pronosticaba sería desigual. Juan media cinco centímetros menos de estatura, además era más joven y delgado. Vestía ropa limpia, estaba bien peinado, se veía pulcro y educado. Tenía en la mano derecha, una vara de bambú de un metro de largo, color amarillo con manchas color café.
-
Juan debía pelear con aquel energúmeno para no ser calificado, por los demás, de cobarde. Estaba en juego su honor.
-
El Chilaco se quitó la camisa para iniciar la pelea, mostró sus fuertes músculos y se colocó en el centro del círculo de espectadores.
-
El turno era de Juan, lo estaban esperando...
-
Juan extendió el brazo derecho invitando a Nacho a que sostuviera su vara de bambú, para poder enfrentar a mano limpia al temible Chilaco. Eran las reglas de la calle.
Cuando Nacho tomó la vara de bambú, todos huimos del lugar: Incluso Juan y el feroz Chilaco.
Nacho, descontrolado, sintió que la vara estaba mojada y tardó dos segundos en darse cuenta que la vara de bambú estaba embarrada con excremento. Excepto el sitio donde Juan la había agarrado.
La piedra de HUIXTLA
LA PIEDRA DE HUIXTLA
© David Gómez Salas
-
No sé, contesté en el momento que hallamos tres cofres llenos con piezas de oro. Cada pieza era una maravilla y todas eran diferentes. Eran de oro puro proveniente de Perú.
-
Era el oro que tres años antes el cacique Comagre.de Panamá, había entregado a trescientos aventureros españoles que mantenían aterrorizada aquella población. Les ofreció una fortuna a cambio de que abandonarán sus territorios y no se robarán ninguna mujer. Los aventureros aceptaron el trato y se fueron rumbo al norte.
-
Aproximadamente un año después los aventureros españoles arribaron a nuestro territorio, hermoso sitio que Chaac (Dios del agua) ha profetizado se llamará Huixtla. Aquí establecieron su nueva residencia.
-
Los aventureros españoles eran despiadados y fieros para el combate, por eso los indios huimos a los pantanos, les dejamos las mejores tierras, los ríos más limpios, lo mejor. Pero no se conformaron, vinieron también a la costa, querían todo.
-
Después de dos largos años, por fin nos organizamos para hacerles frente, cuando ya teníamos preparadas las trampas en todo el pantano y aguardábamos sus ataques; estos, no sucedieron.
-
Ya quedan pocos, nos dijeron nuestros exploradores a su regreso. Los que quedan vivos están débiles, amarillos y huesudos. Se están muriendo solos. Fuimos al campamento español y solo encontramos los muertos y el oro.
-
Finalmente dije a Ixchel y los demás: Los dioses los trajeron, los dioses se los llevaron. Las enfermedades, las plantas malas, los moscos, arañas, serpientes, gatos salvajes y todos los seres vivos de la selva y pantanos, los derrotaron. La tierra hizo lo que no hicimos nosotros, así que daremos el oro a la tierra.
-
Y cargamos el oro hasta el pantano y ahí lo enterramos.
-
Después, en la parte alta del cerro grande hicimos una pila enorme de piedras en honor de los dioses, en donde quemamos los cuerpos de los malvados con el fuego divino. El calor fundió las piedras, formando una sola, de 120 metros de alto y 160 metros de diámetro en la parte baja.
© David Gómez Salas
-
¿Qué vamos hacer?, me preguntó Ixchel.-
No sé, contesté en el momento que hallamos tres cofres llenos con piezas de oro. Cada pieza era una maravilla y todas eran diferentes. Eran de oro puro proveniente de Perú.
-
Era el oro que tres años antes el cacique Comagre.de Panamá, había entregado a trescientos aventureros españoles que mantenían aterrorizada aquella población. Les ofreció una fortuna a cambio de que abandonarán sus territorios y no se robarán ninguna mujer. Los aventureros aceptaron el trato y se fueron rumbo al norte.
-
Aproximadamente un año después los aventureros españoles arribaron a nuestro territorio, hermoso sitio que Chaac (Dios del agua) ha profetizado se llamará Huixtla. Aquí establecieron su nueva residencia.
-
Los aventureros españoles eran despiadados y fieros para el combate, por eso los indios huimos a los pantanos, les dejamos las mejores tierras, los ríos más limpios, lo mejor. Pero no se conformaron, vinieron también a la costa, querían todo.
-
Después de dos largos años, por fin nos organizamos para hacerles frente, cuando ya teníamos preparadas las trampas en todo el pantano y aguardábamos sus ataques; estos, no sucedieron.
-
Ya quedan pocos, nos dijeron nuestros exploradores a su regreso. Los que quedan vivos están débiles, amarillos y huesudos. Se están muriendo solos. Fuimos al campamento español y solo encontramos los muertos y el oro.
-
Finalmente dije a Ixchel y los demás: Los dioses los trajeron, los dioses se los llevaron. Las enfermedades, las plantas malas, los moscos, arañas, serpientes, gatos salvajes y todos los seres vivos de la selva y pantanos, los derrotaron. La tierra hizo lo que no hicimos nosotros, así que daremos el oro a la tierra.
-
Y cargamos el oro hasta el pantano y ahí lo enterramos.
-
Después, en la parte alta del cerro grande hicimos una pila enorme de piedras en honor de los dioses, en donde quemamos los cuerpos de los malvados con el fuego divino. El calor fundió las piedras, formando una sola, de 120 metros de alto y 160 metros de diámetro en la parte baja.
domingo, 29 de mayo de 2016
Percepción
Percepción © David Gómez Salas
Eran casi las dos de la mañana cuando llevé en mi auto a mi amigo Juan Manuel, al edificio donde estaba su oficina. En cuanto entró al edificio, arranqué el auto y tomé el celular para avisarle a mi esposa que ya iba a casa.
-
Veinte Metros más adelante me detuve ante un semáforo en rojo. intempestivamente se abrió la puerta delantera del lado derecho y entró al auto un hombre armado.
-
—¡Te vas morir hijo de la chingada, sino obedeces!—Gritó. ¡Me vas a llevar a donde te diga! Agregó, con otro grito.
-
Con la mano izquierda me sujetó de los cabellos, sacudiéndome la cabeza de un lado a otro; y con la otra mano, puso una pistola en mi sien derecha.
-
Por instinto de conservación reaccioné moviendo la cabeza en la misma dirección y sentido de los jalones que me daba el agresor, para aparentar estar más ebrio de lo que estaba. Pensé que así el asaltante me golpearía menos para someterme.
-
El asaltante parecía sorprendido al ver que podía sacudirme la cabeza con mucha facilidad. Sentí que me observaba para descubrir si realmente venía muy ebrio o estaba fingiendo.
-
Mantuve el silencio y la mirada al frente, para que el asaltante tuviera la seguridad de que él tenía el control absoluto. Deseaba que se sintiera dominador y dejara de golpearme.
-
—Te llevaré a donde quieras, dime a donde quieres ir—Le dije. Sin dirigirle la mirada.
-
El delincuente se acomodó en el asiento, se enderezó y levantó el pecho. Se veía más alto. Mantuvo la pistola apuntándome, pegada a mi cabeza.
-
—Vete por toda la Avenida Xola—Ordenó. Y agregó: al llegar a la Calzada de Tlalpan, te vas a la derecha hasta llegar a la Estación del Metro General Anaya, por ahí te diré más.
-
Contaba, más o menos, con cinco kilómetros para salir del problema, siempre y cuando fuera cierto lo que había dicho. Podía suceder que me quitara el auto antes de recorrer esa distancia, pero por la forma directa y concisa en que lo expresó, parecía haber dicho la verdad.
-
Primero consideré estrellar el auto contra un poste o subirme a la banqueta y estrellarme contra una casa. Dudaba porque el maleante podría pegarme un tiro y huir, sin que alguien lo viera; puesto que a esa hora no había peatones y pasaban muy pocos autos. No habría testigos.
-
Para estar seguro de tener testigos mejor era chocar contra otro automóvil. Si me disparaba quedarían testigos de mi muerte. Y con muchísima suerte, quizás hasta tendría la oportunidad de salir del auto, después del impacto, y correr.
-
Deseaba complicarle la situación al asaltante, y pensé que la oportunidad se presentaría al llegar a la Calzada de Tlalpan, porque ahí circulan más carros que en la Avenida Xola.
-
—Vas a ir despacio por el carril de la derecha—Me ordenó, el maldito.
Por ese carril de baja velocidad, no era posible alcanzar a otro automóvil. Tampoco podía girar el auto a la izquierda para chocar con otro que pasara a alta velocidad, porque el impacto sería de mi lado. Debía chocar el auto por el costado derecho, de su lado. En último caso de frente.
-
Seguimos por el carril de baja velocidad y no tuve la suerte de encontrar un automóvil que circulara más lento, para embestirlo.
-
Al llegar a la esquina de Avenida Xola con Calzada de Tlalpan, sus insultos y golpes arreciaron. Creí que el tipo me iba a ordenar tomar una de las calles de esa zona, para quitarme el auto y darme un tiro. Es una zona casi sin alumbrado público, muy oscura.
-
Me preocupé por no haberme arriesgado antes, quizás ya se estaba terminando mi tiempo.
-
Afortunadamente el delincuente no me ordenó ir por esas calles negras. Tomamos la Calzada de Tlalpan; siguiendo la ruta que él había dicho. Aquí los golpes se hicieron menos frecuentes e ignoré siempre sus insultos.
-
Pensaba infinidad de cosas, ya que además de cavilar sobre como librarme del asaltante, me lamentaba por haber tomado varios tragos y no estar en plenitud para reaccionar lo mejor posible. También lamentaba no haber puesto el seguro a la puerta, cuando mi amigo bajó del auto.
-
Pensaba en mi esposa y en mis hijas. Recordaba que cuando regresaba muy noche a casa, le decía a mi mujer que sabía cuidarme para que no se preocupara. Y ahora, si salía vivo, con que cara podría verla, sin recordar mi presunción. También le decía: “no te preocupes, la mala hierba nunca muere” y otras tonterías.
-
Seguimos por la Calzada de Tlalpan hacia el sur, por el carril de baja velocidad. Dos o tres autos me rebasaron por la izquierda, pero por el carril de máxima velocidad. La Calzada de Tlalpan tiene cuatro carriles en cada dirección. Pasaban muy separado de mí y a gran velocidad, fácilmente me matarían al atravesarme en su camino.
-
Después de un largo recorrido encontré una patrulla estacionada, justo una cuadra antes de llegar a la Estación del Metro General Anaya. Avancé para impactarla, era mi única oportunidad, aunque fuera la policía.
-
El asaltante había mencionado que por ahí daríamos vuelta a la derecha y yo recordaba que esas calles están siempre desiertas después de las once de la noche. A esa hora con más razón.
-
Imaginaba que nos estacionaríamos en una calle oscura, en donde me obligaría a bajarme del auto, me pegaría un balazo y se llevaría el carro. Me figuraba que los vecinos encenderían las luces de sus casas, llamarían a la policía y bajaría hasta que estuvieran seguros de que ya no había peligro.
-
Estaba obligado a jugarme la vida de inmediato. Decidí arrojarme contra la patrulla. Pero…
-
—¡Si das claxonazo, te vas!—dijo, el maleante. Apretó la pistola contra mi cabeza y escuche un “click”, que interpreté había preparado la pistola para disparar.
-
Decidí no chocar contra la patrulla, se podría disparar la pistola al momento de la colisión. No sé porque pero frené con suavidad y detuve el auto justo al lado izquierdo de la patrulla, y sin hacer movimientos bruscos toque el claxon lo más breve posible.
-
Él malhechor tenía que decidir si disparaba o no, frente a la policía.
-
El tipo no disparó, bajó el arma y la escondió bajo su chamarra, dando la espalda a la patrulla se bajó del automóvil con agilidad y sin perder el estilo. Cerró la puerta sin golpearla y se paró frente a la ventanilla dando de nuevo la espalda a la patrulla.
-
El delincuente obstruía con su cuerpo la ventanilla, así que me incliné lentamente sobre el volante para poder ver la patrulla. Había dos policías.
-
El malhechor simuló ser un amigo al que yo le había dado un aventón a ese punto. Levantó la mano derecha para decirme adiós en forma breve, pasó por atrás de la patrulla, se subió a la banqueta y se fue caminado con tranquilidad. No supe más, me fui a casa.
-
El delincuente no me quitó la cartera, ni el auto, ni me llevó a un cajero automático, ni me causo heridas graves. Salí con vida.
-
Nada dije a los policías de la patrulla, ni siquiera intenté ver su rostro de nuevo, no confío en ellos. Desde estudiante me provocan mucho temor.
-
Cuando le conté esta historia a un amigo Argentino, él me dijo: Yo no lo hubiese dejado irse caminando con tranquilidad, sobretodo ya libre del cañón de esa pistola y teniendo a mano toda esa patrulla policial.
-
— Me da gusto que tu percepción sea diferente a la mía — le dije. Porque aquí, los peores delincuentes usan uniforme…
Eran casi las dos de la mañana cuando llevé en mi auto a mi amigo Juan Manuel, al edificio donde estaba su oficina. En cuanto entró al edificio, arranqué el auto y tomé el celular para avisarle a mi esposa que ya iba a casa.
-
Veinte Metros más adelante me detuve ante un semáforo en rojo. intempestivamente se abrió la puerta delantera del lado derecho y entró al auto un hombre armado.
-
—¡Te vas morir hijo de la chingada, sino obedeces!—Gritó. ¡Me vas a llevar a donde te diga! Agregó, con otro grito.
-
Con la mano izquierda me sujetó de los cabellos, sacudiéndome la cabeza de un lado a otro; y con la otra mano, puso una pistola en mi sien derecha.
-
Por instinto de conservación reaccioné moviendo la cabeza en la misma dirección y sentido de los jalones que me daba el agresor, para aparentar estar más ebrio de lo que estaba. Pensé que así el asaltante me golpearía menos para someterme.
-
El asaltante parecía sorprendido al ver que podía sacudirme la cabeza con mucha facilidad. Sentí que me observaba para descubrir si realmente venía muy ebrio o estaba fingiendo.
-
Mantuve el silencio y la mirada al frente, para que el asaltante tuviera la seguridad de que él tenía el control absoluto. Deseaba que se sintiera dominador y dejara de golpearme.
-
—Te llevaré a donde quieras, dime a donde quieres ir—Le dije. Sin dirigirle la mirada.
-
El delincuente se acomodó en el asiento, se enderezó y levantó el pecho. Se veía más alto. Mantuvo la pistola apuntándome, pegada a mi cabeza.
-
—Vete por toda la Avenida Xola—Ordenó. Y agregó: al llegar a la Calzada de Tlalpan, te vas a la derecha hasta llegar a la Estación del Metro General Anaya, por ahí te diré más.
-
Contaba, más o menos, con cinco kilómetros para salir del problema, siempre y cuando fuera cierto lo que había dicho. Podía suceder que me quitara el auto antes de recorrer esa distancia, pero por la forma directa y concisa en que lo expresó, parecía haber dicho la verdad.
-
Primero consideré estrellar el auto contra un poste o subirme a la banqueta y estrellarme contra una casa. Dudaba porque el maleante podría pegarme un tiro y huir, sin que alguien lo viera; puesto que a esa hora no había peatones y pasaban muy pocos autos. No habría testigos.
-
Para estar seguro de tener testigos mejor era chocar contra otro automóvil. Si me disparaba quedarían testigos de mi muerte. Y con muchísima suerte, quizás hasta tendría la oportunidad de salir del auto, después del impacto, y correr.
-
Deseaba complicarle la situación al asaltante, y pensé que la oportunidad se presentaría al llegar a la Calzada de Tlalpan, porque ahí circulan más carros que en la Avenida Xola.
-
—Vas a ir despacio por el carril de la derecha—Me ordenó, el maldito.
Por ese carril de baja velocidad, no era posible alcanzar a otro automóvil. Tampoco podía girar el auto a la izquierda para chocar con otro que pasara a alta velocidad, porque el impacto sería de mi lado. Debía chocar el auto por el costado derecho, de su lado. En último caso de frente.
-
Seguimos por el carril de baja velocidad y no tuve la suerte de encontrar un automóvil que circulara más lento, para embestirlo.
-
Al llegar a la esquina de Avenida Xola con Calzada de Tlalpan, sus insultos y golpes arreciaron. Creí que el tipo me iba a ordenar tomar una de las calles de esa zona, para quitarme el auto y darme un tiro. Es una zona casi sin alumbrado público, muy oscura.
-
Me preocupé por no haberme arriesgado antes, quizás ya se estaba terminando mi tiempo.
-
Afortunadamente el delincuente no me ordenó ir por esas calles negras. Tomamos la Calzada de Tlalpan; siguiendo la ruta que él había dicho. Aquí los golpes se hicieron menos frecuentes e ignoré siempre sus insultos.
-
Pensaba infinidad de cosas, ya que además de cavilar sobre como librarme del asaltante, me lamentaba por haber tomado varios tragos y no estar en plenitud para reaccionar lo mejor posible. También lamentaba no haber puesto el seguro a la puerta, cuando mi amigo bajó del auto.
-
Pensaba en mi esposa y en mis hijas. Recordaba que cuando regresaba muy noche a casa, le decía a mi mujer que sabía cuidarme para que no se preocupara. Y ahora, si salía vivo, con que cara podría verla, sin recordar mi presunción. También le decía: “no te preocupes, la mala hierba nunca muere” y otras tonterías.
-
Seguimos por la Calzada de Tlalpan hacia el sur, por el carril de baja velocidad. Dos o tres autos me rebasaron por la izquierda, pero por el carril de máxima velocidad. La Calzada de Tlalpan tiene cuatro carriles en cada dirección. Pasaban muy separado de mí y a gran velocidad, fácilmente me matarían al atravesarme en su camino.
-
Después de un largo recorrido encontré una patrulla estacionada, justo una cuadra antes de llegar a la Estación del Metro General Anaya. Avancé para impactarla, era mi única oportunidad, aunque fuera la policía.
-
El asaltante había mencionado que por ahí daríamos vuelta a la derecha y yo recordaba que esas calles están siempre desiertas después de las once de la noche. A esa hora con más razón.
-
Imaginaba que nos estacionaríamos en una calle oscura, en donde me obligaría a bajarme del auto, me pegaría un balazo y se llevaría el carro. Me figuraba que los vecinos encenderían las luces de sus casas, llamarían a la policía y bajaría hasta que estuvieran seguros de que ya no había peligro.
-
Estaba obligado a jugarme la vida de inmediato. Decidí arrojarme contra la patrulla. Pero…
-
—¡Si das claxonazo, te vas!—dijo, el maleante. Apretó la pistola contra mi cabeza y escuche un “click”, que interpreté había preparado la pistola para disparar.
-
Decidí no chocar contra la patrulla, se podría disparar la pistola al momento de la colisión. No sé porque pero frené con suavidad y detuve el auto justo al lado izquierdo de la patrulla, y sin hacer movimientos bruscos toque el claxon lo más breve posible.
-
Él malhechor tenía que decidir si disparaba o no, frente a la policía.
-
El tipo no disparó, bajó el arma y la escondió bajo su chamarra, dando la espalda a la patrulla se bajó del automóvil con agilidad y sin perder el estilo. Cerró la puerta sin golpearla y se paró frente a la ventanilla dando de nuevo la espalda a la patrulla.
-
El delincuente obstruía con su cuerpo la ventanilla, así que me incliné lentamente sobre el volante para poder ver la patrulla. Había dos policías.
-
El malhechor simuló ser un amigo al que yo le había dado un aventón a ese punto. Levantó la mano derecha para decirme adiós en forma breve, pasó por atrás de la patrulla, se subió a la banqueta y se fue caminado con tranquilidad. No supe más, me fui a casa.
-
El delincuente no me quitó la cartera, ni el auto, ni me llevó a un cajero automático, ni me causo heridas graves. Salí con vida.
-
Nada dije a los policías de la patrulla, ni siquiera intenté ver su rostro de nuevo, no confío en ellos. Desde estudiante me provocan mucho temor.
-
Cuando le conté esta historia a un amigo Argentino, él me dijo: Yo no lo hubiese dejado irse caminando con tranquilidad, sobretodo ya libre del cañón de esa pistola y teniendo a mano toda esa patrulla policial.
-
— Me da gusto que tu percepción sea diferente a la mía — le dije. Porque aquí, los peores delincuentes usan uniforme…
lunes, 23 de mayo de 2016
La suerte de ser mujer
La suerte de ser mujer © David Gómez Salas
Soconusco Anthology
-
Julieta nació en Chiapas y fue hija de Gina quien era originaria de Italia y se mudó a vivir al Soconusco en la época de segunda guerra Mundial. Julieta se casó con un "bolo" costeño de nombre José Manuel, a quien de cariño lo llamaban Chema. En la costa de Chiapas le dicen bolo al borracho, ebrio o beodo.
-
Chema bebía alcohol de tiempo completo por lo que cada peso que ganaba, lo gastaba en su vicio. Así que nunca tenía dinero para pagar la renta de una casa y mucho menos para comprarla. Era un personaje palabrero que aconsejaba, discutía de todo, sabía poco y era proclive al fraude. Por esa situación a su esposa Julieta no le quedó otro camino que mudarse vivir a casa de su madre Gina, ahí podía vivir sin pagar renta y además comer las frutas del patio trasero que se daban en carretadas. En la esquina norte de la manzana donde se ubicaba la casa de Gina y en la cual vivió Julieta, se localizaba una cantina cuyos propietarios eran amigos de infancia de Chema y le vendían alcohol, fiado (crédito).
-
Julieta y Chema se mudaron a casa de Gina con sus 6 hijos, 2 perros, 2 gatos, un loro, un mono araña, 3 autos, 6 roperos, 30 macetas, sala, comedor y todos sus muebles. La casa de Gina quedó hacinada y además ocuparon casi todos los árboles para colgar sus hamacas. Tendían la ropa por todas partes, se parecían a los inmigrantes llamados gitanos húngaros, que llegaban a la costa de Chiapas a leer la suerte, adivinos.
-
Julieta y Chema, dijeron que estarían en casa de Gina solamente unos días, pero pasaron años y nunca salieron de aquella casa. Ahí permanecieron hasta que murió Gina y después de su muerte se quedaron para siempre.
-
En algunas fiestas familiares, Julieta tomaba unos tragos y afloraba su sentimentalismo, lloraba y decía que deseaba tener una residencia de lujo porque sus hijos estaban acostumbrados a vivir con pompas y comodidades. Eran tres hijos y tres hijas que Dios les había enviado, en forma alternada un hijo, una hija, un hijo, una hija; sucesivamente. Los hijos heredaron el gusto por el alcohol, el cigarro, el ocio, lenguaje vulgar, trabajar poco o nada, ser vanidosos, y sumarse a las fiestas a la menor oportunidad. Como diría Canek "tenían dengues de doncellas".
-
Chema y sus hijos, participaban en todas fiestas que se realizaban en Tapachula y poblados aledaños. Vivían en un jolgorio permanente, simulando poseer riquezas. Adoptaron de corazón todas las costumbres chiapanecas en que se bebía alcohol y sus vidas fueron de celebración perpetua y feliz a su manera. Sin respeto a ellos mismos, poco les importaba que sus estafas fueran descubiertas y comentadas por sus familiares, amigos y conocidos.
-
En el año de 1957, había visto una película llamada la suerte de ser mujer (La fortuna di essere donna), con Sofía Loren que interpreta a una joven que deseaba ser modelo y actriz; y paulatinamente va perdiendo su sueño, porque los hombres que cruzaron por su vida, en lugar de amarla y apoyarla, solo se aprovecharon de ella. Julieta me recordaba esa cinta, no porque haya tenido amantes en su vida, no me refiero a eso. La analogía se me ocurría porque su esposo e hijos, que se suponía la amaban, únicamente la manipulaban para vivir a sus expensas, ella ni siquiera reconocía que su familia destruyó sus sueños y definitivamente su vida.
-
En la película Sofía Loren interpreta a una joven llamada Antonietta que es fotografiada cuando se está arreglando la media y esa foto se publica en la portada de una revista. Su novio pretende demandar al periódico pero ella decide aprovechar esa publicidad para conocer gente influyente en el mundo del espectáculo y la moda. Sigue una dieta para adelgazar y logra trabajar con el fotógrafo que la fotografió para la revista. Posa varias sesiones vestida solo con una toalla en una escenografía de ruinas romanas.
Conoce un aristócrata maduro muy educado y se propone conquistarlo, así que aprende a conducirse como persona de alta sociedad, una gran dama con recursos económicos, porque está convencida que el dinero atrae más dinero. En esta búsqueda de riquezas Antonietta es utilizada y manipulada mediante promesas éxito y fama. Sin que se pueda considerar totalmente una víctima inocente.
-
Julieta cerraba los ojos de la razón e ignoraba el lenguaje vulgar que usaba Chema y sus hijos, no reaccionaba ante las conductas de pereza que mostraban su esposo e hijos, siempre encontraba una explicación a los continuos líos judiciales en que ellos se metían. Todas las malas acciones las justificaba o bien fingía no darse cuenta que sus hijos eran holgazanes extremos; Julieta deseaba creer no había educado a sus hijos para ser delincuentes, que no los había acostumbrado a obtener el dinero fácil. Le resultaba natural que sus hijos no tuvieran presente que vivían en casa de su abuela y debían utilizar el espacio mínimo en dicha casa. Sin embargo con sus autos, juegos y mascotas, redujeron el espacio a Gina en su propia casa.
-
En la película Antonietta poco a poco va perdiendo su autoestima y se acostumbra a aceptar situaciones que no había imaginado antes que llegaría consentir y somete su carácter auténtico para manifestarse como una mujer que personifica el glamour, la elegancia y sofisticación.
-
La casa de Gina tenía en la parte posterior un pequeño patio con árboles de guarumbo, mango, nance, Tepezcohuite, guanábana, marañón, papausa, paternas, chicozapote, caimito, limón, plátano, chile y cerca de un centenar de pantas de ornato. Estas plantas padecieron maltrato por parte de Julieta, su familia, mascotas y amigos.
-
Julieta y Antonietta muestran pequeñas partes de una sociedad decadente, con fingido estilo de vida resplandeciente y fatuo. Sin reflexiones ni escrúpulos, ganar dinero fácil parece ser a lo único que juegan, en un mundo materialista en el que tampoco han logrado triunfar.
-
El alcohol parece tener la facultad de hacer realidad las fantasías, pero resta tiempo de vida por cada deseo satisfecho, observaba.
-
Día y tarde el viento movía suavemente las ramas y hojas de los árboles y plantas medicinales, parecía que estos árboles acostumbrados a curar a las personas de enfermedades y accidentes como: hipertensión, diabetes, diarrea, quemaduras, cortadas, raspones, torceduras y esguinces; también deseaban sanar a la familia de Julieta, entregada casi de tiempo completo al agasajo, el trago y la jactancia.
-
Las compasivas miradas de las hojas de los árboles fueron ignoradas, como fueron ignoradas las luces enviadas por la luna y las estrellas, que se preocupaban por ellos. La familia de Julieta no tenía tiempo para sentir el amor de los árboles y el cielo. Como alguna vez dijo el poeta Quintanarroense Domingo Argüelles: habían aprendido de las rocas, su insensibilidad.
-
Como lo expresara el poeta Rubén Darío: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo; ni mayor pesadumbre que la vida consciente".
-
Así recuerdo esta historia sobre mi paisana Julieta, chiapaneca descendiente de italiana. Cuya remembranza ha quedado escrita en mis relatos sobre mi Soconusco. Miles de historias que sucedieron en esa tierra de inmigrantes. Tierra pródiga donde se aprende a percibir la ternura de los árboles, la música de sus hojas con el viento y los procesos incansables que suceden en el interior de sus tallos y constituyen hermosas esculturas.
-
Paraíso inundado con ternura día y noche; donde besa y enamora el agua, el aire, las lluvias y tormentas; que invita a vivir inmerso en sus ríos y cascadas; y amar sus exóticas selvas, frutos y flores. ¿Quien al vivir en el Soconusco no ha sentido que puede volar como sus aves de múltiples colores? estimulado por la intensidad del mar abierto y turbulento, el sol vivo y calor húmedo en todo momento. ¿Quien no ha soñado en alcanzar sus ideales escuchando el croar de las ranas y el zumbido de las chicharras? motivado por la maravilla de su naturaleza.
-
Julieta tuvo grandes ilusiones sobre su porvenir, confiaba en lo pródigo que es el Soconusco, pero ni la fuerza y esplendor del trópico pudo vencer al alcohol, disponible en aquella sucia cantina que se ubicaba a solo media cuadra de su hogar. Su vida cotidiana transcurrió en un ambiente degradado sin escrúpulos de quienes ansían arrebatar a los demás lo que se pueda en pos de un deseo.
Soconusco Anthology
-
Julieta nació en Chiapas y fue hija de Gina quien era originaria de Italia y se mudó a vivir al Soconusco en la época de segunda guerra Mundial. Julieta se casó con un "bolo" costeño de nombre José Manuel, a quien de cariño lo llamaban Chema. En la costa de Chiapas le dicen bolo al borracho, ebrio o beodo.
-
Chema bebía alcohol de tiempo completo por lo que cada peso que ganaba, lo gastaba en su vicio. Así que nunca tenía dinero para pagar la renta de una casa y mucho menos para comprarla. Era un personaje palabrero que aconsejaba, discutía de todo, sabía poco y era proclive al fraude. Por esa situación a su esposa Julieta no le quedó otro camino que mudarse vivir a casa de su madre Gina, ahí podía vivir sin pagar renta y además comer las frutas del patio trasero que se daban en carretadas. En la esquina norte de la manzana donde se ubicaba la casa de Gina y en la cual vivió Julieta, se localizaba una cantina cuyos propietarios eran amigos de infancia de Chema y le vendían alcohol, fiado (crédito).
-
Julieta y Chema se mudaron a casa de Gina con sus 6 hijos, 2 perros, 2 gatos, un loro, un mono araña, 3 autos, 6 roperos, 30 macetas, sala, comedor y todos sus muebles. La casa de Gina quedó hacinada y además ocuparon casi todos los árboles para colgar sus hamacas. Tendían la ropa por todas partes, se parecían a los inmigrantes llamados gitanos húngaros, que llegaban a la costa de Chiapas a leer la suerte, adivinos.
-
Julieta y Chema, dijeron que estarían en casa de Gina solamente unos días, pero pasaron años y nunca salieron de aquella casa. Ahí permanecieron hasta que murió Gina y después de su muerte se quedaron para siempre.
-
En algunas fiestas familiares, Julieta tomaba unos tragos y afloraba su sentimentalismo, lloraba y decía que deseaba tener una residencia de lujo porque sus hijos estaban acostumbrados a vivir con pompas y comodidades. Eran tres hijos y tres hijas que Dios les había enviado, en forma alternada un hijo, una hija, un hijo, una hija; sucesivamente. Los hijos heredaron el gusto por el alcohol, el cigarro, el ocio, lenguaje vulgar, trabajar poco o nada, ser vanidosos, y sumarse a las fiestas a la menor oportunidad. Como diría Canek "tenían dengues de doncellas".
-
Chema y sus hijos, participaban en todas fiestas que se realizaban en Tapachula y poblados aledaños. Vivían en un jolgorio permanente, simulando poseer riquezas. Adoptaron de corazón todas las costumbres chiapanecas en que se bebía alcohol y sus vidas fueron de celebración perpetua y feliz a su manera. Sin respeto a ellos mismos, poco les importaba que sus estafas fueran descubiertas y comentadas por sus familiares, amigos y conocidos.
-
En el año de 1957, había visto una película llamada la suerte de ser mujer (La fortuna di essere donna), con Sofía Loren que interpreta a una joven que deseaba ser modelo y actriz; y paulatinamente va perdiendo su sueño, porque los hombres que cruzaron por su vida, en lugar de amarla y apoyarla, solo se aprovecharon de ella. Julieta me recordaba esa cinta, no porque haya tenido amantes en su vida, no me refiero a eso. La analogía se me ocurría porque su esposo e hijos, que se suponía la amaban, únicamente la manipulaban para vivir a sus expensas, ella ni siquiera reconocía que su familia destruyó sus sueños y definitivamente su vida.
-
En la película Sofía Loren interpreta a una joven llamada Antonietta que es fotografiada cuando se está arreglando la media y esa foto se publica en la portada de una revista. Su novio pretende demandar al periódico pero ella decide aprovechar esa publicidad para conocer gente influyente en el mundo del espectáculo y la moda. Sigue una dieta para adelgazar y logra trabajar con el fotógrafo que la fotografió para la revista. Posa varias sesiones vestida solo con una toalla en una escenografía de ruinas romanas.
Conoce un aristócrata maduro muy educado y se propone conquistarlo, así que aprende a conducirse como persona de alta sociedad, una gran dama con recursos económicos, porque está convencida que el dinero atrae más dinero. En esta búsqueda de riquezas Antonietta es utilizada y manipulada mediante promesas éxito y fama. Sin que se pueda considerar totalmente una víctima inocente.
-
Julieta cerraba los ojos de la razón e ignoraba el lenguaje vulgar que usaba Chema y sus hijos, no reaccionaba ante las conductas de pereza que mostraban su esposo e hijos, siempre encontraba una explicación a los continuos líos judiciales en que ellos se metían. Todas las malas acciones las justificaba o bien fingía no darse cuenta que sus hijos eran holgazanes extremos; Julieta deseaba creer no había educado a sus hijos para ser delincuentes, que no los había acostumbrado a obtener el dinero fácil. Le resultaba natural que sus hijos no tuvieran presente que vivían en casa de su abuela y debían utilizar el espacio mínimo en dicha casa. Sin embargo con sus autos, juegos y mascotas, redujeron el espacio a Gina en su propia casa.
-
En la película Antonietta poco a poco va perdiendo su autoestima y se acostumbra a aceptar situaciones que no había imaginado antes que llegaría consentir y somete su carácter auténtico para manifestarse como una mujer que personifica el glamour, la elegancia y sofisticación.
-
La casa de Gina tenía en la parte posterior un pequeño patio con árboles de guarumbo, mango, nance, Tepezcohuite, guanábana, marañón, papausa, paternas, chicozapote, caimito, limón, plátano, chile y cerca de un centenar de pantas de ornato. Estas plantas padecieron maltrato por parte de Julieta, su familia, mascotas y amigos.
-
Julieta y Antonietta muestran pequeñas partes de una sociedad decadente, con fingido estilo de vida resplandeciente y fatuo. Sin reflexiones ni escrúpulos, ganar dinero fácil parece ser a lo único que juegan, en un mundo materialista en el que tampoco han logrado triunfar.
-
El alcohol parece tener la facultad de hacer realidad las fantasías, pero resta tiempo de vida por cada deseo satisfecho, observaba.
-
Día y tarde el viento movía suavemente las ramas y hojas de los árboles y plantas medicinales, parecía que estos árboles acostumbrados a curar a las personas de enfermedades y accidentes como: hipertensión, diabetes, diarrea, quemaduras, cortadas, raspones, torceduras y esguinces; también deseaban sanar a la familia de Julieta, entregada casi de tiempo completo al agasajo, el trago y la jactancia.
-
Las compasivas miradas de las hojas de los árboles fueron ignoradas, como fueron ignoradas las luces enviadas por la luna y las estrellas, que se preocupaban por ellos. La familia de Julieta no tenía tiempo para sentir el amor de los árboles y el cielo. Como alguna vez dijo el poeta Quintanarroense Domingo Argüelles: habían aprendido de las rocas, su insensibilidad.
-
Como lo expresara el poeta Rubén Darío: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo; ni mayor pesadumbre que la vida consciente".
-
Así recuerdo esta historia sobre mi paisana Julieta, chiapaneca descendiente de italiana. Cuya remembranza ha quedado escrita en mis relatos sobre mi Soconusco. Miles de historias que sucedieron en esa tierra de inmigrantes. Tierra pródiga donde se aprende a percibir la ternura de los árboles, la música de sus hojas con el viento y los procesos incansables que suceden en el interior de sus tallos y constituyen hermosas esculturas.
-
Paraíso inundado con ternura día y noche; donde besa y enamora el agua, el aire, las lluvias y tormentas; que invita a vivir inmerso en sus ríos y cascadas; y amar sus exóticas selvas, frutos y flores. ¿Quien al vivir en el Soconusco no ha sentido que puede volar como sus aves de múltiples colores? estimulado por la intensidad del mar abierto y turbulento, el sol vivo y calor húmedo en todo momento. ¿Quien no ha soñado en alcanzar sus ideales escuchando el croar de las ranas y el zumbido de las chicharras? motivado por la maravilla de su naturaleza.
-
Julieta tuvo grandes ilusiones sobre su porvenir, confiaba en lo pródigo que es el Soconusco, pero ni la fuerza y esplendor del trópico pudo vencer al alcohol, disponible en aquella sucia cantina que se ubicaba a solo media cuadra de su hogar. Su vida cotidiana transcurrió en un ambiente degradado sin escrúpulos de quienes ansían arrebatar a los demás lo que se pueda en pos de un deseo.
domingo, 22 de mayo de 2016
Luis Javier y Luis Donaldo
Luis Javier y Luis Donaldo
© David Gómez Salas
La mañana del jueves 12 de octubre de 1978 al desayunar con Luis Javier Castro Castro y Luis Donaldo Colosio Murrieta, en la ciudad de Mérida Yucatán; me propusieron que al terminar de desayunar rentáramos un auto y nos fuéramos a Chichen Itzá y sus alrededores. Se antojaba el paseo porque la zona es bellísima y además el paseo me permitiría convivir con Luis Javier, que años antes había sido mi compañero de trabajo en el Plan Nacional Hidráulico; y no lo había visto desde que renunció a ese trabajo, para ir a estudiar a Austria.
Siempre he tenido metido en mis huesos una interpretación extrema sobre mis compromisos y había viajado a Mérida a presentar una ponencia denominada Modelo Auxiliar de Manejo del Agua en una Ciudad ese jueves a en la tarde. Una de las seis conferencias que se daban sobre el tema de Ingeniería Ambiental, en el IV Congreso de la Academia Nacional de Ingeniería.
Luis Javier y Luis Donaldo ya había presentado el día anterior una ponencia titulada Migration, Urbanization and Development in México, era un trabajo desarrollado en Austria en International Institute for Appliied System Analysis. Tuvieron poca audiencia debido a que una línea aérea estaba en huelga y muchos congresistas habían cancelado su participación.
Con base a lo que había sucedido en su conferencia, me dijeron que no valía la pena que me quedara a dar mi conferencia, debido que era muy probable que hubiera poca asistencia. Pero tengo muy arraigado el cumplir con mis compromisos, aún en circunstancias en que el logro por cumplirlos sea muy pequeño o nulo.
No fui al paseo, me quedé a dar mi conferencia y efectivamente hubo poca audiencia. Bueno al principio porque después llegaron muchos jóvenes estudiantes del Instituto Tecnológico Regional de Mérida; que imagino los llevaron forzados, con la motivación de subirles un punto en alguna materia. No me importó, porque los estudiantes fueron muy participativos e hicieron muchas preguntas, comportamiento que contribuye a explicar mejor los conceptos.
También fue estimulante, darle ánimo a un joven conferencista que estaba nervioso porque era la primera conferencia que iba a dar. Le dijimos muchas palabras de ánimo y creo que resultó muy útil la observación siguiente: Tú desarrollaste el trabajo que vas a presentar, específicamente nadie sabrá más que tú sobre este trabajo.
Al joven conferencias le fue muy bien, porque efectivamente nadie podía saber más que él. Quizás podía asistir a su conferencia algún especialista en contaminación del aire, pero específicamente de los experimentos y resultados de aquel trabajo, no podría saber más. Durante toda su conferencia, lo vi radiante.
A Luis Javier y Luis Donaldo, los volví a ver otras veces, al primero como amigo y al segundo, de lejos, como personaje destacado en el gobierno: Director General de Programación y Presupuesto Regional en la Secretaría de Programación y Presupuesto, Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, dependencia que después se llamó Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y finalmente como candidato a la presidencia de México. Pocas personas conocen a Luis Donaldo como una persona interesada en el estudio de los aspectos económicos y sociales de México. Lo recuerdan muchísimo más como político, pero la mayoría de los seres humanos son polifacéticos, porque así es la vida, solo se vive una vez y no sabemos cuánto tiempo.
Luis Javier y Luis Donaldo eran dos jóvenes estudiosos, optimistas, alegres y perseverantes. Fue por Luis Javier que conocí algunas definiciones matemáticas sobre bien público y privado. Tales como:
Sea:
X1=El bien que pertenece a la persona 1
X2=El bien que pertenece a la persona 2
X3=El bien que pertenece a la persona 3
Xn=El bien que pertenece a la persona n
y
Xt=El bien total existente
El bien privado, se puede representar en la forma siguiente:
Xt=x1+x2+x3+⋯+xn
Ejemplo: Los autos que existen en un estacionamiento tienen diferentes dueños, algunas personas pueden tener varios autos; y la suma de los autos que tiene todas las personas es el número total de autos, el bien total.
El bien público, se puede representar en la forma siguiente:
Xt=x1=x2=x3= …= xn
Ejemplo: En un jardín o parque público, cada persona puede usar y disfrutar todo el jardín, caminar por toda su superficie; lo mismo puede hacer otro visitante; y la suma de la superficie que disfrutan todas las personas, el bien total, es igual a la superficie que puede disfrutar cada persona.
Claro que el tema es menos simple, pero es una forma interesante de introducirse a los conceptos de bien público y privado, tan útiles para comprender el cuidado de la calidad del aire y del agua en la naturaleza.
© David Gómez Salas
La mañana del jueves 12 de octubre de 1978 al desayunar con Luis Javier Castro Castro y Luis Donaldo Colosio Murrieta, en la ciudad de Mérida Yucatán; me propusieron que al terminar de desayunar rentáramos un auto y nos fuéramos a Chichen Itzá y sus alrededores. Se antojaba el paseo porque la zona es bellísima y además el paseo me permitiría convivir con Luis Javier, que años antes había sido mi compañero de trabajo en el Plan Nacional Hidráulico; y no lo había visto desde que renunció a ese trabajo, para ir a estudiar a Austria.
Siempre he tenido metido en mis huesos una interpretación extrema sobre mis compromisos y había viajado a Mérida a presentar una ponencia denominada Modelo Auxiliar de Manejo del Agua en una Ciudad ese jueves a en la tarde. Una de las seis conferencias que se daban sobre el tema de Ingeniería Ambiental, en el IV Congreso de la Academia Nacional de Ingeniería.
Luis Javier y Luis Donaldo ya había presentado el día anterior una ponencia titulada Migration, Urbanization and Development in México, era un trabajo desarrollado en Austria en International Institute for Appliied System Analysis. Tuvieron poca audiencia debido a que una línea aérea estaba en huelga y muchos congresistas habían cancelado su participación.
Con base a lo que había sucedido en su conferencia, me dijeron que no valía la pena que me quedara a dar mi conferencia, debido que era muy probable que hubiera poca asistencia. Pero tengo muy arraigado el cumplir con mis compromisos, aún en circunstancias en que el logro por cumplirlos sea muy pequeño o nulo.
No fui al paseo, me quedé a dar mi conferencia y efectivamente hubo poca audiencia. Bueno al principio porque después llegaron muchos jóvenes estudiantes del Instituto Tecnológico Regional de Mérida; que imagino los llevaron forzados, con la motivación de subirles un punto en alguna materia. No me importó, porque los estudiantes fueron muy participativos e hicieron muchas preguntas, comportamiento que contribuye a explicar mejor los conceptos.
También fue estimulante, darle ánimo a un joven conferencista que estaba nervioso porque era la primera conferencia que iba a dar. Le dijimos muchas palabras de ánimo y creo que resultó muy útil la observación siguiente: Tú desarrollaste el trabajo que vas a presentar, específicamente nadie sabrá más que tú sobre este trabajo.
Al joven conferencias le fue muy bien, porque efectivamente nadie podía saber más que él. Quizás podía asistir a su conferencia algún especialista en contaminación del aire, pero específicamente de los experimentos y resultados de aquel trabajo, no podría saber más. Durante toda su conferencia, lo vi radiante.
A Luis Javier y Luis Donaldo, los volví a ver otras veces, al primero como amigo y al segundo, de lejos, como personaje destacado en el gobierno: Director General de Programación y Presupuesto Regional en la Secretaría de Programación y Presupuesto, Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, dependencia que después se llamó Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y finalmente como candidato a la presidencia de México. Pocas personas conocen a Luis Donaldo como una persona interesada en el estudio de los aspectos económicos y sociales de México. Lo recuerdan muchísimo más como político, pero la mayoría de los seres humanos son polifacéticos, porque así es la vida, solo se vive una vez y no sabemos cuánto tiempo.
Luis Javier y Luis Donaldo eran dos jóvenes estudiosos, optimistas, alegres y perseverantes. Fue por Luis Javier que conocí algunas definiciones matemáticas sobre bien público y privado. Tales como:
Sea:
X1=El bien que pertenece a la persona 1
X2=El bien que pertenece a la persona 2
X3=El bien que pertenece a la persona 3
Xn=El bien que pertenece a la persona n
y
Xt=El bien total existente
El bien privado, se puede representar en la forma siguiente:
Xt=x1+x2+x3+⋯+xn
Ejemplo: Los autos que existen en un estacionamiento tienen diferentes dueños, algunas personas pueden tener varios autos; y la suma de los autos que tiene todas las personas es el número total de autos, el bien total.
El bien público, se puede representar en la forma siguiente:
Xt=x1=x2=x3= …= xn
Ejemplo: En un jardín o parque público, cada persona puede usar y disfrutar todo el jardín, caminar por toda su superficie; lo mismo puede hacer otro visitante; y la suma de la superficie que disfrutan todas las personas, el bien total, es igual a la superficie que puede disfrutar cada persona.
Claro que el tema es menos simple, pero es una forma interesante de introducirse a los conceptos de bien público y privado, tan útiles para comprender el cuidado de la calidad del aire y del agua en la naturaleza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)